Reflejos de locura / Parte Final
- unescritorfrustrado
- 19 may 2020
- 5 Min. de lectura
Un golpe retumba por toda la casa, y la mujer acostada en su cama se despierta súbitamente. El cuarto está en calma y la puerta cerrada. La mujer se sienta sobre la cama y permanece en silencio intentando pensar de donde proviene ese ruido. Un gemido y un golpe aún mayor la hacen levantarse de un salto y correr hacia la puerta, pero justo al llegar a ella se detiene. Observa el pomo con terror, y una sensación de peligro le invade, el instinto de permanecer en ese cuarto a salvo. Gira lentamente el pomo y comienza a abrir la puerta muy despacio. Justo antes de asomarse al pasillo, se escucha como se cierra con llave la puerta de salida de la casa. La mujer se queda inmóvil, sin asomarse, escuchando todo lo que viene de fuera. Unos pasos se acercan a su dirección. Comienzan a correr hacia ella recorriendo el pasillo. El baño. La cocina. Las habitaciones. Cierra justo en el momento en el que estaba a punto de entrar y se queda bloqueando la puerta y poniendo el cerrojo. Parece que se ha detenido en frente de su cuarto. La mujer coloca la oreja suavemente y presta atención a lo que sucede en el exterior. Un ragar lento recorre la puerta que le separa de aquel miedo sin rostro. La mujer se tapa la boca y comienzan a brotar lágrimas de sus ojos, lágrimas de miedo. El sonido acaba y los pasos se alejan mientras la mujer se queda acurrucada en la puerta.
Tras los minutos de shock, recobra la consciencia y rápidamente comienza a rebuscar en el cuarto en busca de un teléfono móvil para pedir ayuda. No lo encuentra, y se pone a intentar recordar donde lo dejó la última vez que lo vio. En la cocina. Se da cuenta de que el niño está solo en su cuarto y en peligro, no había pensado en él durante todo este tiempo. Aterrada pero decidida, vuelve a la puerta, quita el pestillo y la abre lentamente, asomándose levemente para ver si el peligro seguía fuera. Se asoma y no ve nada sospechoso, el pasillo en silencio, las puertas cerradas, pero sí unos arañazos en su puerta hechos de manera irregular. Un gemido de sorpresa se le escapa y rápidamente se coloca las manos en la boca para acallarlo. Velozmente entra en el cuarto del niño, cierra la puerta y va hacia su cama para ver si se encuentra ahí.
-Joel cariño, date prisa, nos vamos- dice la mujer mientras se dirige hacia la cama- tenemos que salir de la casa ahora.
El niño se encontraba tapado por el manta, escondido entre las sábanas, como si de un refugio se tratase. La mujer le saca de la cama y le da la mano, llevándole a la puerta de la habitación.
-¿Qué pasa mama?, ¿por qué nos vamos?, papa se pondrá triste si nos vamos.
-Es peligroso estar con papa ahora, quiere hacernos daño Joel, tenemos que irnos rápidamente.
No le hagas caso Joel, ella es una mentirosa. Falsa. Solo yo te cuido. Ellos son los malos y quieren hacerte daño.
El niño se resiste al empuje de la mujer que le lleva hacia la puerta. Ella le agarra la mano con fuerza y le levanta para llevarle consigo. El chico empieza a golpearle en el pecho para intentar liberarse.
-¡Joel para de una vez! –dice la madre y con la mano abierta le golpea la cara con dureza al niño.
El niño se queda en silencio y la madre le acaricia la cara con suavidad y remordimientos. Abre la puerta hacia el pasillo. Se asoma. Parece que no hay nadie. Lentamente se dirige con Joel de la mano hacia la cocina. Una leve luz sale de ella, y al entrar descubre que se trata de la luz del sótano. Camina dirección a la entrada del sótano y al llegar observa desde arriba. El cuerpo sin vida del hombre reposa en el fondo de las escaleras, con un charco de sangre inundando el suelo. La mujer, conmocionada cae de culo contra el suelo y suelta de la mano al niño, quien aprovechando el descuido huye corriendo hacia el pasillo. La madre se queda sentada llorando en silencio. Hiperventilando, se levanta en busca del teléfono móvil, pero no lo encuentra allí.
-¡JOEL! ¿DÓNDE ESTÁS JOEL?-grita la mujer con desesperación.
Unos pasos se vuelven a escuchar en el pasillo. La mujer se lanza hacia fuera para recuperar al chico, pero se para en seco justo antes de salir de la cocina. Comienzan a sonar arañazos en las puertas. Ese no era el niño. Un fuerte portazo proveniente de la habitación de matrimonio asusta a la mujer, la cual se acurruca en una esquina. A la desesperada, corre por el pasillo en dirección a la puerta de salida, cruzando el salón comedor. Llega a la puerta he intenta abrirla, pero se da cuenta que está cerrada con llave. Se gira y busca con la mirada el teléfono fijo. El cable está cortado. El tic tac del reloj acompaña la búsqueda desesperada de una salida.
-¡AYUDA, POR FAVOR! ¡QUE ALGUIEN ME SAQUE DE AQUÍ!- gritaba la mujer desesperada mientras golpeaba la puerta con furia.
Déjame entrar Joel. No debes tenerme miedo. Yo soy parte de ti Joel. Siempre estaremos juntos.
El niño se había encerrado en el cuarto de matrimonio y estaba sentado en la cama. Escucha los gritos de horror de la mujer intentando escapar. Se asoma al pasillo y la observa como golpea la puerta una y otra vez.
No se preocupa por ti. No te quieren. Nunca te han querido. No eres nada para ellos Joel.
La mujer agotada se sienta al pie de la puerta esperando su fin. Unos susurros inaudibles se escuchan desde el pasillo, como el murmullo del viento, y unos ojos se asomaban desde el cuarto de matrimonio. Un sonido empieza a emerger en la casa. Una melodía pegadiza que recorre todas las estancias. Era el tono del móvil del hombre y provenía de la cocina. La mujer corre con todas sus fuerzas hacia la dirección de la que venía. Tic. Se adentra en el pasillo. Tac. Pasa el servicio y los susurros se intensifican. Tic. Llega a la puerta de la cocina y suena el movimiento de la puerta de la habitación. Tac. Baja corriendo hacia el sótano y comienza a rebuscar en el cuerpo del hombre. El móvil continua sonando, lo abre y coge la llamada.
-¡AYÚDENME POR FAVOR, VAN A MATARME! –dice la mujer mientras observa el cuerpo del marido caído de espaldas a la escalera. Nadie contesta al otro lado. -¿OIGA, HAY ALGUIEN?- pregunta mientras observa de donde proviene la llamada. Lee “Marta Móvil”
Sabes que no me gusta castigarte…
-Sabes que no me gusta castigarte…- suena desde el otro lado.
… pero no me dejas más remedio
-… pero no me dejas más remedio
Un cuchillo atraviesa desde la espalda el pecho de la mujer, que comienza a sangrar lentamente. El cuerpo cae junto al del hombre y pronto deja de respirar. El charco de sangre ocupa casi todo el sótano.
El silencio se hizo en el despacho, mientras el niño terminaba el dibujo lentamente. El hombre de la bata esperó a que finalizase la tarea.
-Ahora mamá nunca volverá a estar triste, ni papa enfadado. Volveremos a ser una familia.
El chico acaba el dibujo y lo deja sobre la mesa. Se sienta en el sofá y se pone a juguetear con el lápiz entre sus manos. El hombre se inclina y recoge el papel. Lo observa detenidamente.
-¿A quién has dibujado aquí Joel?
-Al hombre de mi cuarto. Siempre le veo delante de mí.
El hombre vuelve a mirar el dibujo, se levanta y se dirige hacia la esquina sombría.
Toma consigo el espejo colgado y lo trae de vuelta a la zona de sofás. Lo coloca delante del niño.
-¿Es éste el hombre de tu cuarto?
Si
Retira lentamente el espejo del niño y comienza a sentir esa sensación, de unos ojos profundos y vacíos, y un aliento helado que le recorre la nuca.
No le escuches. Bastardo. Mentiroso. Solo yo me preocupo por ti. Yo siempre estaré contigo Joel.







Comentarios