Reflejos de locura / Parte 1
- unescritorfrustrado
- 25 mar 2020
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 31 mar 2020
-Ven Joel, siéntate aquí a mi lado. Se está muy cómodo en este sofá.
El niño pequeño se acerca tímidamente a donde el hombre con bata blanca le indica. Un sofá negro algo mullido. Se acomoda en el asiento, dejando sus pies colgando mientras observa de manera curiosa la habitación donde le han llevado. Se trata de un despacho, con un escritorio en el fondo, una gran planta que hace esquina, un espejo en la pared que queda a su izquierda, y numerosos títulos y certificados colgados por toda la estancia. La habitación, iluminada por un par de lámparas, una pequeña colocada encima del escritorio y otra mayor que se encontraba situada en la zona de sofás, que junto a una pequeña ventana ubicada en el lateral derecho que daba a fuera permitían que hubiese cierta iluminación, pero dando sensación de intimidad y relajación, intensificándose la oscuridad según te alejabas de la zona de sofás. Ambos personajes, el hombre de la bata y el niño, están apartados en dicha zona, sentados uno enfrente del otro, con una pequeña mesa baja como separación. El hombre, con una libreta, le observaba y anotaba sin cesar.
-No te importa que grabe nuestra conversación, ¿no Joel?- el niño asiente y el hombre saca una grabadora y la coloca encima de la mesa.- Perfecto entonces. Bueno Joel,supongo que sabes por qué estás aquí ¿no?
-No- responde secamente el niño mientras jugueteaba con las piernas dando golpes al sofá.
-Joel, mírame…. Esto es muy serio- El niño levanta la mirada a la altura de los ojos- Bien, te voy a hacer una serie de preguntas y debes ser lo más preciso posible, ¿vale? Recuerda que no debes mentirme tampoco.
-Vale
-Muy bien Joel, ¿Cómo se llaman tus padres?
-Marta y Javier- la mirada del niño se desvía hacia arriba distraída.
-De acuerdo- el hombre apunta algo en la libreta- Ahora contéstame, ¿te suelen dejar muchas veces tus padres solo en tu casa? Me refiero a que si se suelen ir de viaje y te dejan al cargo de la casa.
-Madre dice que no debo estar nunca solo, que es peligroso, que soy muy pequeño para quedarme en casa solo- contesta el chico mientras vuelve a mirar al hombre.
-Lo que quiero saber, Joel, es por qué te encontraron solo tus vecinos, y también dónde están tus padres. ¿Suele haber problemas en tu casa?, ¿discuten mucho tus padre?
-Bueno, a veces se meten en el cuarto y les oigo gritar. Mi madre suele llora a solas. La suelo dibujar con cara triste, pero a ella no le gustan mis dibujos. A nadie le gustan mis dibujos - mientras el chico habla, el hombre anota todo lo que dice.
- Joel, ¿sabes dónde están tus padres? – pregunta el hombre mientras deja de escribir. Su tono serio intimida al chico-. Sabes que puedes confiar en mí, ahora mismo solo estamos tú y yo. Te lo preguntaré de nuevo, y es muy importante que me respondas con sinceridad… Joel, ¿sabes dónde se fueron tus padres?
El niño calló un momento, como intimidado por la respuesta que tenía en la mente. Levanta el brazo y señala al fondo del cuarto en la zona donde estaba colgado el espejo, al lado del escritorio, en la esquina que no llegaba la luz de manera directa, oculta por una tenue oscuridad
-Se fueron con él. Se fueron con el hombre de mi cuarto. Me dijo que así serían felices de nuevo.
El hombre de la bata se gira rápidamente sorprendido por la respuesta del niño. Mira con pánico la esquina donde señalaba el niño, aquella zona ensombrecida. Parpadea un segundo, y vuelve a mirar con curiosidad esta vez. La esquina estaba vacía. No había nadie. El hombre se incorpora en el asiento y comienza a apuntar en la libreta.
-Háblame del hombre de tu cuarto Joel. Toma un papel y dibújalo –dice el hombre con bata mientras arranca una hoja de su libreta.-, te daré un lápiz, ¿vale?
Se levanta y se dirige hacia el escritorio. Al avanzar hacia él, por cada paso que daba, un escalofrío le recorría la espalda, y una sensación de unos ojos, profundos y vacíos, que le observaban continuamente. Apresuradamente, abre un cajón y saca de él un pequeño lápiz, pero con las prisas, y debido al sudor que empezaba a emanar de sus manos, el lápiz se resbala entre sus dedos, cayendo con un sonido sordo al suelo, y deslizándose debajo del escritorio. Se queda un momento mirando el mueble, buscando otro lápiz o bolígrafo que usar, de forma confusa, pero no encuentra nada que le sirviese. Mira a su espalda, en dirección hacia la esquina ensombrecida. Seguía vacía. Se gira para observar al chico, quien le observa cayado fijamente. Se agacha y desliza la mano por debajo del escritorio mientras busca en el suelo el lápiz perdido. En eso momento lo vuelve a sentir, una sensación, aún más cercana, un peligro invisible, que lo acechaba y se deslizaba por su espalda, como una gota de sudor frio, y unos ojos grandes y profundos que le observaban silenciosamente y un aliento helado en la nuca. Alcanza el lápiz y rápidamente se pone en pie, y de manera nerviosa vuelve a pegar un rápido vistazo a la habitación. Solo estaba Joel, sentado y mirándolo con intensidad en silencio.
Con paso firme vuelve a su asiento delante del niño y estira el brazo, entregándole el lápiz. El chico lo coge, se arrodilla en el suelo y apoyándose en la mesa baja, comienza a dibujar.
-Ahora Joel, háblame de lo que ocurrió antes de que se fueran, cuéntame quién es ese hombre del cuarto.
"Eso Joel… háblale de nosotros. Cuéntaselo todo."







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