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Odio de lobos

Actualizado: 4 abr 2020

Al igual que una madre arropa a su tierno bebe, la loba de esta historia acariciaba a su lindo cachorro, el único superviviente de una camada de seis.


El invierno fue duro para toda la manada, muchos cayeron en la fría nieve, pero los cachorros que sobrevivieron poseían gran fuerza, y la propia manada los acogió con cariño. Especialmente Rhuna y su cachorro Valto, unidos por un gran vínculo, ya que para ella representaba el sentido de su vida, y el significado de su existencia.


Más fuerte e intrépido que ninguno, Valto sobrepasó a la mayor parte de la camada de

cachorros. No había cachorro más prometedor, ni madre más orgullosa. Rhuna,

consciente de las proezas de su hijo, se llenaba la boca de elogios hacia él, hasta el

punto que la propia manada, en secreto, deseaba su desgracia movidos por la envidia.

Llegó el momento en que los cachorros debían empezar a cazar solos, y todos ellos,

encabezados por Valto, se dispusieron para adentrarse en el bosque en busca de la pieza más grande. Valto se adentró donde ningún otro lobo se atrevía, deseoso de demostrar su superioridad.


Pasaron los días y Rhuna, preocupada por la desaparición de su hijo, pedía auxilio al

resto de la manada, los cuales evitaban el tema, y en el interior de cada uno de ellos una pequeña satisfacción se asomaba. Pero al tercer día, el cuerpo del joven lobo fue

encontrado destrozado y mutilado, víctima del ataque de una osa que vivía en los

alrededores de la zona.


Durante semanas, el dolor de la pérdida se apoderó de la loba, aullaba y gruñía, presa de la impotencia y la desgracia. Y, al igual que un veneno, el dolor se convirtió en odio, oscureciendo su corazón y borrando todo reflejo de aquella orgullosa madre.Con ese sentimiento, Rhuna clamó venganza, pidiendo al resto de la manada vengar la muerte de su hijo. Pero el resto del grupo le dio la espalda, observando silenciosamente como sus más oscuros deseos se habían hecho realidad.Rhuna, movida por el resentimiento, atacó a un joven cachorro, convencida de que así entenderían su pérdida, pero fue detenida a tiempo, tachada de loca y desterrada al bosque para siempre.


La locura la consumió en la soledad, aumentando su odio y su sed de venganza. Decidió que era hora de tomarse su propia justicia, y una mañana aprovecho la salida de la vieja osa de su cueva para colarse y atacarla donde ella sabía que más le dolería, sus oseznos. Rojo se tiñó su pelaje al morder y matar a aquellos inocentes, pero cuanto más daño les hacía, peor se sentía, y al contemplar los ojos vacíos de sus cuerpos sin vida comprendió que eso jamás le devolvería a su hijo. Entendió que no solo le había perdido a él, sino su recuerdo y su memoria, derramando su ira sobre aquella osa.


No había significado en su existencia, y el odio se había convertido en el sentido de su

vida, pero eso no era una vida. Cansada de aquella carga, la loba esperó a la llegada de la osa, la cual le arrebataría lo poco que le quedaba, absorbiendo su odio y retomando la cadena. Ya, vacía de ese veneno, Rhuna y Valto, madre e hijo, pudieron verse de nuevo.

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