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El mundo pintado de Nora Bonnet / Capítulo 7

Actualizado: 25 oct 2020

Las diapositivas iban pasando de una a otra, mientras la clase guardaba silencio. En la pantalla se mostraban continuamente distintos cuadros, cada uno de un estilo diferente, más grandes o pequeños. El profesor Antonio se limitaba a ir mostrando las diapositivas sin comentar. Al finalizar, se encendieron las luces.


– Distintas técnicas para reflejar una misma idea– saltó una voz del fondo.


– No.


– Que todas reflejan un paisaje con varias personas.


– Tampoco… te quedaste corto. Venga, vamos, ¿qué tienen en común todos estos cuadros?


– ¿Que reflejan la visión de su autor sobre una realidad que le envuelve?– insistió el mismo del fondo.


– Casi, por ahí andan los tiros. Venga, chicos, utilizad la cabeza. ¿Qué dibujan?


– Realidades– contestó Gabriel desde su sitio


–Exacto, realidades… Realidades que son productos de la creación y trasfondo que rodean al autor, de su visión. El acto de crear tiene una respuesta sobre el cuadro, que va más allá de la comprensión lógica. Cuando pintas, cuando pones toda el alma en aquello que estás reflejando, para ti adquiere vida, estás viendo ese árbol que dibujas, sonreír a la persona que retratas, y es por ello que podríamos considerar que estás creando una nueva realidad, a partir de la que te rodea.


La clase miraba con incomprensión al profesor, murmurando de forma inaudible, como un suave susurro que recorría el aula. Gabriel permanecía serio sin comentar nada.


–Lo sé, suena descabellado, pero dejadme poneros un ejemplo. Una gran obra se diferencia del resto porque tiene esa chispa de vida, aquello que te hace pensar que hay algo detrás de aquél lienzo. ¿Por qué la Mona Lisa es tan valorada? ¿Podríamos decir que es un retrato igual que otro? Pero es al mirar a sus ojos, tenerla delante cuando te das cuenta. No es un mero cuadro, es una ventana por la que nos asomamos, un agujero por el que podemos observar. Refleja una historia, un secreto, más allá de la pintura, algo que nos dice que está viva, atrapada en su pequeño mundo pintado, sonriendo levemente por algo que nunca sabremos. Eso es lo que hace que un simple retrato se convierta en una obra maestra. Pero no solo podemos aplicarlo a un lienzo, también a la fotografía o a la escultura. Todos impregnan de historia sus creaciones, duplicando así la realidad que intentan captar, y creando otra alternativa, de la que no somos conscientes desde este lado, y que solo el autor sabe, al reflejarla.


– Entonces considera que crear una obra es igual que dar vida.


–No dicho desde el significado más estricto de dar vida, pero diría que sí. La propia creación artística es una forma de impregnar de vida un objeto inerte, no solo eso, sino una vida, es decir, una historia y un contexto, lo que da lugar a un mundo completo, del que solo vemos una porción desde esta pequeña ventana llamada cuadro.


“Suelta lo que te reconcome, Gabriel, escucha la respuesta que deseas”


Gabriel se puso en pie de manera nerviosa, bajo la atenta mirada de todos sus compañeros, que extrañados, se preguntaban qué es lo que le ha llevado a levantarse.


–Pero entonces, si se trata de una ventana, y usted considera que tienen vida propia, ¿nosotros qué somos para ellos? ¿Podrían vernos igual que nosotros a ellos?


–Bueno… tienes que tener en cuenta que es una teoría propia, y que divagamos sobre este tema. Pero suponiendo de que fuese real, podríamos decir que sí. ¿Nunca os habéis sentido observados cuando paseáis por una exposición o una sala repleta de cuadros? Quizás sean más reales de lo que pensamos y nos observen sigilosamente, desde sus pequeñas cárceles, esperando el momento de escapar.

Un silencio se adueñó de la clase y el profesor se acercó sigilosamente a los alumnos, desde una postura intimidatoria.


– ¡BUUUHH!


Una joven dio un pequeño grito ante la sorpresa que le da el profesor. La clase entera estalló en una enorme carcajada. El profesor recorría con la mirada el aula, con una gran sonrisa, observando la alegre escena, hasta que sus ojos se plantaron en Gabriel, que sentado y con el semblante todavía serio, observaba la escena como si nada de eso fuese con él.


– Tened en cuenta que una obra de arte no es solo eso, sino todo lo que vosotros queráis. Si deseáis que cobre vida con todas vuestras fuerzas, explotando todo lo que hay en vuestro interior, entonces lo que pintaréis será real, aunque sea solo para vosotros. Bueno, chicos, se acaba por hoy… recordaros que os queda solo mes y medio para el trabajo y hay gente que no ha ido a tutoría todavía.


La gente se levantó de sus sitios y abandonó la clase con el bullicio normal. Risas, empujones y parloteos mientras caminaban hacia fuera, todos menos uno. Éste permanecía sentado en su asiento, dibujando frenéticamente sin mirar sobre una hoja arrancada. El lápiz se deslizaba con gracia, dando formas a la superficie vacía. Parecía absorto a todo lo que le rodea, como si por un instante estuviese solo.


“¿De verdad eres igual que estos estúpidos, Gabriel? Que se mofan de aquello que desconocen. Sabes perfectamente que no estás loco por pensarlo. Sabes qué es tan real como tú mismo”


– Es la primera vez que te veo con ganas de quedarte más tiempo– comentó Antonio. Gabriel seguía dibujando. – Oye… ¿estás bien?


El lápiz se escapó de las manos de Gabriel, que parpadeó y volvió en sí. Observó a su alrededor todos los asientos vacíos y a Antonio enfrente suya. Parecía desconcertado.

– Sí… perdona me distraje un momento. ¿Ya acabó?


– ¿La clase?, ¿es una broma o qué, Gabriel?


– No… yo… nada, nada.


El joven balbuceaba palabras mientras recogía las cosas de su sitio. Intentó hacerlo lo más rápido posible, pero la mirada de incredulidad de Antonio le ponía nervioso. Recogió el lápiz y salió a trompicones de la clase, tropezando con lo que se encontraba en su camino.


– ¡Oye! ¡El dibujo!


Antonio recogió el dibujo de la mesa y lo observó de manera curiosa. Aunque inacabado se veía la forma de una joven, con un chico postrado en sus brazos. Los pasos de Gabriel se escuchaban desde fuera, como si huyese de algo. Quizás de su propio dibujo.

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