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El mundo pintado de Nora Bonnet / Capítulo 4

– Una de las cosas que más ha atemorizado al hombre ha sido la idea de futuro. Desde los inicios de la humanidad, cuando el hombre evoluciona y es consciente de su propia existencia en el universo, con la capacidad de razonar y pensar más allá de qué va a cazar y dónde va a cagar, aparece la idea del futuro y se convierte en el gran terror que atormenta a los seres humanos.


Antonio se paseaba por la clase de manera firme y segura. Observaba a los alumnos que se encontraban atentamente escuchándole. El aula estaba repleta. Gabriel, de manera distraída, dibujaba la figura de su profesor, en frente de ellos. La cara pensativa, el semblante serio y la postura erguida, todo quedaba reflejado en el papel. En la mente del joven se hilaba también una historia para aquél dibujo, una vida.


– Tan incierto y desconocido, nos abre un abanico de posibilidades, las cuales no son del todo agradables. De hecho, tendemos siempre a ser catastrofistas con estos pensamientos. – El profesor se dirigió a la pizarra y comenzó a escribir mientras explicaba. – La soledad, la muerte, el fracaso… estos son uno de los grandes temores que derivan de la idea de futuro. “No encontraré pareja y tendré que vivir como un ermitaño toda mi vida”…“Me angustia el vacío que me espera tras mi muerte”… “Me acabaré conformando con lo que tengo y dejaré de lado mis objetivos vitales”… Todos, y cuando digo todos me refiero a la totalidad de la humanidad, se plantea estas cuestiones a lo largo de su existencia. Yo no tengo las respuestas a esas preguntas. Nadie las tiene. Y quien diga que puede responderlas miente. Pero sí hay algo que os puedo hablar sobre vuestro futuro, de cómo podéis plantearlo.


El profesor abandonó la pizarra y se sentó encima de su mesa. Permaneció callado un momento. Los alumnos esperaban una continuación a todo lo que había dicho. Antonio se dirigió hacia ellos y carraspeó levemente. Gabriel levantó la mirada del dibujo.


– Bien…en primer lugar tenemos que plantearnos el sentido de nuestra existencia, el por qué estamos aquí, el ahora, para poder dar un vistazo hacia el futuro. Os voy a plantear dos tipos de posturas. La primera es la más científica podríamos decir, y expone que no somos más que un conjunto de accidentes o acontecimientos aleatorios que han dado lugar a nuestra creación. Es decir, y por poner nombre, el sujeto X es producto de continuas casualidades producidas por el caos que nos envuelve. El mundo se creó por mera casualidad, la fusión de elementos, la evolución de nuestra especie y su propio nacimiento no son más que coincidencias. Es la parte más lógica. No hay un ser supremo que nos crea para poblar la tierra, ni actúa nada divino, sino son las propias leyes de la tierra y el caos lo que han dado lugar a nuestra burda existencia. Se trata de un ser liberado de toda responsabilidad y con una existencia vacía, sin motivo ni valor alguno. Esto convierte su futuro en un conjunto de posibilidades que cambia continuamente, lo que también le da un toque excitante e interesante, ¿no creéis? ¿Quiénes de vosotros os consideráis sujetos X?


Una pequeña parte de la clase levantó la mano. Con un gesto, Antonio pidió que se pusiesen de pie, para ver la proporción de alumnos más clara. Algo menos de la mitad. Los ojos de Antonio se posaron sobre Gabriel, que de pie le mantenía la mirada. Con otro gesto hizo que se sentaran.


– Ahora hablemos de la otra forma de verlo. El sujeto Y no cree que es un mero accidente, de hecho consideraría absurdo que su existencia fuese tan simple. Se trata de una idea muy sencilla pero de gran poder. Según Y, el hecho de estar aquí sentados, escuchándome hablar, es uno de los puntos de un camino que estamos destinados a recorrer. El universo y toda su historia tiene un por qué, y vosotros sois piezas de este rompecabezas. Cada uno tiene un motivo, una función vital y vuestros pasos ya están fijados por una mano siniestra, de la que no podéis escapar. A diferencia de X, que considera que todo lo que le pasa no es más que mera casualidad o producto del azar, para Y tiene un significado, le lleva hacia una dirección marcada. Todos tenemos un propósito. Por un lado, es un aspecto positivo, nuestra existencia tiene un valor, cada pieza es importante y tenemos un futuro claro, lo conozcamos o no. Sientes que tienes un objetivo y una meta, y todo lo que te pase tiene la intención de cumplirla. Pero también quiero plantearlo de otra forma. La ventaja de ser X y no Y es que es completamente libre en las acciones que toma, puede ser lo que quiera o intentar y probar cosas nuevas, lo que le llevará a un desenlace distinto. Pero Y es esclavo del destino, haga lo que haga no puede escapar de él, y su camino está fijado por alguien superior. Lo que somos no es más que el capricho del destino que recorremos, como el autor que inventa una historia para sus personajes, los cuales no pueden escapar del final que les espera. Ahora os pregunto, ¿Quién de vosotros os consideráis sujetos Y?


Parte de los alumnos se levantaron, sin necesidad de indicarlo. Antonio los observó. No se acercaban ni a la mitad de la clase. Hizo un gesto para que se sentasen.


– Bueno esto es algo que descubriréis a lo largo de vuestra vida. Quizás justo antes de vuestra muerte sabréis si sois X o Y.


– ¿Y usted, Antonio?, ¿qué sujeto es? –preguntó un alumno entre la multitud


–Siempre he creído que soy profesor por algún motivo, para guiaros y hacer que cumpláis vuestros sueños. No puedo pensar que estoy aquí por mera casualidad, y que cualquier otro podría haber acabado en mi lugar. De todas formas, no siempre lo tengo tan claro… Y por cierto, antes de finalizar, recordad que ya tendrías que tener claro de quién vais a hacer el trabajo, y que se puntúa positivamente aplicar reflexiones sobre lo que damos en clase. Por eso nada de distracciones ni dibujitos en ella –Los ojos se clavaron en Gabriel– Podéis marcharos.


Los alumnos se apresuraron hacia la puerta y un gran barullo se adueñó de la clase. Una figura alta y rubia esperaba en la puerta. Gabriel recogió sus cosas y se dirigió hacia ella.


– Gabriel, entonces se lo vamos a preguntar, ¿no?


– Se lo voy a preguntar, mejor dicho. Se trata de mi trabajo, Miguel. No hace falta que vengas.


– ¡No me puedes dejar con la miel en la boca y luego quitármela! Quizás sea una chorrada, pero es lo más interesante que he oído en semanas… ¡meses!


“Es como un niño pequeño, de verdad”


– Tienes que buscarte un hobby… en serio. Bueno, venga. Pero no digas ni una palabra, tú eres un mero observador.


– Entendido… mero observador.


Ambos amigos parloteaban en la entrada mientras la clase se vaciaba, esperando a que el profesor recogiese y saliese. Nada más pasó por la puerta, Gabriel se plantó delante de Antonio y le bloqueó el paso. Miguel, a su espalda, se asomaba con interés.


– Antonio, tengo una consulta sobre el trabajo que mandó.


– Eso, sobre el trabajo –saltó Miguel desde la espalda de su amigo. Gabriel echó una mirada hacia atrás.


– En horario de tutoría, pásate esta tarde entre las cinco y las sie...


– Tiene que ser ahora, Antonio– interrumpió Gabriel –creo que le interesará el tema.


– Bueno vale, vete para mi despacho, nos vemos allí. Voy a por un café.


Los dos chicos asintieron y se dirigieron escaleras arriba hacia la puerta de su despacho. Minutos más tarde, Antonio apareció tranquilamente con su café en la mano.


– Venga pasa.


Antonio entró en el despacho y dio un sorbo al café que lleva consigo. Gabriel pasó tímidamente, seguido de Miguel, que con cara curiosa observaba el despacho del profesor. Numerosos títulos y fotografías lo adornaban. Gabriel se sentó en frente de Antonio mientras Miguel revoloteaba por la sala mirándolo todo.


– Bueno, Antonio, al final me decidí por hacer el trabajo pero me han asaltado un par de dudas. Es sobre todo un autor, que me interesa centrarme en él, pero no encuentro apenas nada.


– Sabía que no lo dejarías de lado, ya te dije que era una oportunidad para replantearse lo de… ¡eh, chico, eso no se toca!– las miradas se centraron en Miguel, que asustado, depositaba una foto que había cogido de las estanterías.


– Lo siento.


– Bien… pues cuéntame a quién escogiste.


– Se trata de Alfredo de Luca. Encontré este libro biográfico en la biblioteca y la verdad es que me pareció un tanto extraño el autor


Gabriel sacó de su mochila el libro y se lo entregó al profesor. Éste lo abrió y lo miró por encima. Luego devolvió el libro a Gabriel.


– Sí, sé quién es el autor. Tienes que tener en cuenta que no todos los artistas son gente sencilla, hay algunos que se salen de los comportamientos normales. Al parecer, Alfredo era uno de estos bichos raros. Tan genio y creativo como demente e introvertido. Es raro porque no había visto este libro antes. No parece precisamente nuevo que digamos.


– Lo que me extraña son las últimas obras que hizo, es un cambio radical en el estilo, algo totalmente opuesto a lo que hacía.


– No se trata nada más que la mente de un demente, Gabriel. La verdad que no es el mejor autor para centrar tu trabajo. Es difícil encontrar algo, ya lo has visto. Realmente fue dejado de lado por la historia. Supongo que dio un salto demasiado inquietante para la época y por eso no se puede encontrar casi nada. Ya sabes que si quieres deshacerte de alguien, la mejor forma de hacerlo es darle la espalda y dejar que el olvido se ocupe del resto


– ¿Y no hay ninguna persona que sepa sobre él?... Quiero decir, alguien ha escrito este libro, por lo que sí tiene que haber algo. – el razonamiento de Miguel sorprendió a los otros dos, que se giraron para mirarle. Él permanecía de pie con una sonrisa en la cara.


– Bueno sí, el apellido “de Luca” no es que sea muy común en la ciudad. Creo recordar que había un pequeño comercio de arte, principalmente rehabilitación de cuadros. En ocasiones han colaborado en eventos que organizamos de exposiciones artísticas. Está regentado por un hombre con dicho apellido. No es que sea mucho, pero quizás pueda ayudaros. En cuestión de arte es todo un erudito. Seguro que sabe algo de Alfredo de Luca, directa o indirectamente. Os puedo apuntar la dirección. Es lo máximo que puedo hacer por vosotros con este caso. Aunque si me dejases el libro un par de semanas para estudiarlo más detenidamente, podría ser de más ayuda.


Antonio dejó el café sobre la mesa y alargó la mano en dirección al libro, pero Gabriel lo escondía con recelo.


– No se preocupe, ya me ocupo yo del trabajo. Tenga, apunte la dirección aquí –Gabriel cogió un pequeño post–it y se lo entregó a Antonio. Una vez escrito, pegó el post–it con la dirección en el interior del libro.


– Bueno pues mantenme informado sobre lo que vayas averiguando, ¿de acuerdo?


“Ni de coña”


– Por supuesto. Muchas gracias por la ayuda. Ya le iré contando lo que vamos viendo…–Gabriel intentó dar la mano al profesor, pero golpeó el vaso de café, haciendo que vertiese todo su contenido sobre la mesa. – Lo... lo siento mucho.


Nervioso, Gabriel se levantó y se dirigió hacia la puerta mientras el profesor intentaba limpiar el desastre. El café empapaba los documentos que había sobre la mesa, que manchados por la bebida se echaban a perder. Miguel observaba desde la distancia la escena. Ambos muchachos salieron, dejando a Antonio intentando evitar más víctimas del café.


–Ya podías haber ayudado a recoger– comentó en voz baja Gabriel mientras recorrían el pasillo.


–Yo solo soy un mero observador –contestó con una sonrisa leve.


Gabriel decidió ignorar el comentario de su amigo y continuó andando hacia el exterior. Miguel le seguía detrás, parloteando y haciendo una burda imitación de lo ocurrido dentro.


–Por cierto, no le contaste nada sobre lo que te sucedió. Ya sabes… las pesadillas, el cuadro siniestro y todo eso.


–Realmente en un principio esa era mi intención, pero pensándolo mejor, no quiero que me tome por un loco. La verdad, no creo que me creyese…


“Ni yo mismo soy capaz de creerlo”


–Bueno, ¿y cuál es el plan ahora? Supongo que ir en busca de ese tal restaurador. Teniendo el mismo apellido, fijo que son parientes. Déjame ver la dirección – Miguel intentó coger el libro pero Gabriel lo apartó rápidamente y lo guardó en la mochila.


–El plan es que vayas a casa, tengo un par de cosas que hacer antes. Cuando pueda iré a esa dirección.


–Bueno, vale. Al menos avisa cuando vayas y te acompaño.


Gabriel asintió con la cabeza y mientras Miguel sonreía inocentemente. Ambos amigos se despidieron, marchándose Gabriel en dirección opuesta. Los ojos de Miguel se posaron en él, cómo se alejaba lentamente, quizás más rápido de lo que parecía.

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